Si quieres CONectar, la cercanía en política es clave

La cercanía es un concepto muy cotizado en la política actual. Miremos donde miremos a lo largo y ancho del globo terráqueo, la ciudadanía demanda que sus representantes sean lo más parecido a ellos y ellas. Por eso, en política es muy importante ser cercano.

Aunque no se ha producido un cambio de 180º, poco a poco vamos acostumbrándonos a dirigentes que tienen una apariencia diferente, que expresan cosas diferentes y de forma diferente.

Estamos acostumbrados a una política de postureo donde no sabemos si lo que nos transmiten los políticos es lo que realmente piensas y si son como realmente se muestran. Por eso, esto debe cambiar, la clase política debe buscar la cercanía con la ciudadanía. Porque lo que buscamos es que los representantes sean capaces de crear una sensación de interacción continua y espontánea. Es decir, deben poder crear CONversaciones, en esta sociedad interconectada de nada sirve subir al escenario de un macro estadio si lo que dices no convence a la gente. Nos movemos por emociones y votamos a raíz de aquello que recordamos. La única forma de lograrlos en siendo cercano políticamente.

Ser auténtico, algo esencial para lograr la cercanía en política

Tenemos que entender que ser y parecer auténtico requiere trabajo, esfuerzo y constancia. Puede tardar mucho tiempo en llegar, pero a la vez esa percepción, puede ser destruida en apenas unos instantes. Que un líder o un cargo público parezca auténtico no lleva consigo una connotación positiva o negativa, lleva la connotación concedida por sus actuaciones y la que la opinión pública le otorga.

Pero no todo el mundo entiende la autenticidad de igual manera. Para nosotros, ser auténticos significa tener un compromiso firme con nuestros propios principios y para ello, deberemos defenderlo con las palabras. Aunque esto de nada sirve si la ciudadanía no nos percibe como auténticos. Por lo tanto, la autenticidad implica mostrar donde sea, lo que de verdad uno o una es. Y eso conlleva expresar emociones, positivas y negativas, y gestionarlas para uno mismo y para los demás. También implica dudar, no podemos estar siempre seguros de lo que hay que hacer. Porque en eso consiste ser auténticos, en ocasiones estar desorientados, es decir, ser humanos.

La proximidad, un aspecto fundamental para la cercanía en política

El buen político era hasta hace poco el personaje capacitado que estudiaba los asuntos desde la lejanía y la separación, con ecuanimidad y frialdad. Hoy, por el contrario, al poder se le exige su presencia empática e inmediata, se le juzga por su capacidad de demostrar que está atento a nuestra realidad cotidiana, que la conoce y comparte con todos los ciudadanos.

Es una nueva exigencia que la ciudadanía plantea al poder en términos de proximidad y atención. No basta con que el poder sea representativo y legítimo, sino que tiene que ejercerse con compasión y cercanía. 

Es un dato comprobado por estudios empíricos que el ciudadano actual es mucho menos sensible ante los contenidos de las medidas que adopta el gobierno que ante las manifestaciones de simpatía y proximidad de los gobernantes, siempre que las perciba como sinceras. De ahí la necesidad de ser cercano en política.

La cercanía, un valor cada vez más cotizado

Un político podrá ser ineficaz, extremista o sectario, pero lo que no se tolera hoy es que aparezca lejano, elitista o por encima de las vivencias cotidianas que afectan a la ciudadanía. El político debe estar al pie del cañón y mostrar preocupación por lo que afecta a su ciudadanía. Aunque debemos ser conscientes de que la proximidad de las autoridades y de los gobernantes es deseable, pero no deberíamos mitificarla. Porque, cuando se valora mucho la proximidad, automáticamente se suelen valorar poco la gestión realizada desde las instituciones. Es preciso encontrar el equilibrio para que nuestras iniciativas sean las mejores y aporten soluciones eficaces.

Un gobernante es elegido para gobernar, realizar un trabajo creativo en el anonimato mediático. Proximidad sí, por supuesto. Pero en realidad, la política es una actividad de mayor complejidad, sin duda menos agradecida, pero indispensable.

Que los líderes busquen mostrarse cercanos significa que la ciudadanía los vea como “cotidianos” más que como “extracotidianos”, como “humanos” más que como “sobrehumanos” y como “naturales” más que como “sobrenaturales”.

Las nuevas tecnologías nos ayudan a alcanzar la cercanía en política

Las nuevas tecnologías de información y comunicación potencian los efectos de proximidad, sobre todo en la medida en que son muy afines a conocer la vida de la clase política. En efecto, se ha destacado cómo las redes sociales facilitan la “intimidación” en política, a muchos políticos no les apetece estar en redes sociales porque supone exponer parte de sus vidas. Pero a su vez son herramientas de comunicación que destaca las características humanizantes y personales de los políticos. La proximidad supone que más legítimo es aquel gobernante o aquella política que “se acerca” más a la realidad cotidiana, a la experiencia concreta y singular de los ciudadanos.

Durante la pandemia del Covid-19, las redes sociales jugaron un papel fundamental de nexo entre instituciones y ciudadanía. Ha sido precisamente en ese contexto cuando el valor de la proximidad se pone de relieve. Cuando predomina la sensación de riesgo y de incertidumbre, y cuando el mercado no da suficientes garantías para una gran mayoría de la población, la gente busca protección.

Es ahí cuando la política y las instituciones entran en juego. En este escenario adquiere un relieve particular el papel de los gobiernos, ya que incorporan como valor añadido la proximidad, es decir, la capacidad de adaptarse a realidades, colectivos y situaciones personales distintas. 

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